Es posible que el
título de este trabajo sugiera que las emociones puedan o deban ser curadas, en
este caso con Terapia Floral. Sería ilógico que se nos ocurriera cambiar algo
tan personal como la manera de sentir y expresarse, en dependencia también de
las circunstancias de la vida. Sin embargo del mismo modo que se adquieren
ciertas disposiciones físicas, se adoptan algunas emocionales y asimismo se
puede cuidar de las emociones y tendencias como se hace con lo físico, porque
el cuerpo y las emociones forman parte
de un todo y bajo ningún concepto deben considerarse por separado. (Handley, 1996). Más bien nuestro trabajo se
ocupa de demostrar cómo podemos equilibrar las emociones y en consecuencia
lograr bienestar, porque es el
desequilibrio de las emociones el que provoca los problemas de Salud y no el
hecho de vivenciarlas o expresarlas.
Ya desde tiempos remotos los
médicos chinos explicaron como las emociones gravitan hacia órganos específicos
y adelantaron su relación causal con determinados trastornos del bienestar,
cuestión de la que la psiconeuroinmunología se ocupa hoy con importantes
hallazgos.
Otra mirada también
integradora de la naturaleza humana ha sido desarrollada, desde milenios atrás,
por la medicina Hindú o Ayurvédica. Propone que una compleja red de conductos
relaciona las energías de diferentes características vibracionales con el cuerpo
físico. El flujo de energías sutiles atraviesa una serie de conversiones
multiplicadoras en unos centros que ellos denominan Chacras. Los Chacras
procesan estas energías, traduciendo sus efectos a través del sistema endocrino
en expresiones biológicas, ellas, (las energías sutiles) son tan necesarias al crecimiento armonioso y al
mantenimiento de la vida, como las energías bioquímicas y los elementos
moleculares constitucionales, que bajo la forma de nutrientes físicos, absorbe el sistema
digestivo.
Por su parte la
Bioenergética tiene como fundamento sencillo la concepción de que el individuo
es su cuerpo y lo que siente el hombre puede también leerse en la expresión del
mismo. Entonces las emociones son también hechos corporales, literalmente,
movimientos o alteraciones dentro del cuerpo que generalmente se traducen en
alguna acción exterior, porque “la persona es la suma total de sus experiencias
vitales, cada una de las cuales está registrada en su personalidad y
estructurada en su cuerpo”. (Lowen, 1988).
Este viejo paradigma,
reconocido aceptado e integrado por médicos y pacientes partidarios de la
Homeopatía, hace que se desestime a la medicina clásica, por “estar sólo
interesada en curar enfermedades, sin prestar atención a la persona en su
totalidad.” (Avasani, 1996).
Así, aceptando la concepción
del cuerpo como un todo único, “no tendríamos que seguir aportando pruebas sobre
la evidencia de que las emociones o el estrés alteran los índices biológicos”.
(Schnake, 1995). Porque en la actualidad ya nadie o casi nadie duda que la
emocionalidad favorable “puede condicionar el sistema inmunitario, hasta el
punto de constituirse como barrera infranqueable a enfermedades muy graves como
las cardiovasculares o algunos cánceres” (Montalcini, 1999).
Uno de estos trastornos del
bienestar a que hacemos referencia, muy vinculado a la emocionalidad, es la
Ansiedad y constituye uno de los cuadros clínicos más frecuente en la población
en general, (algunos estudios cifran entre un 13 y 15%). Lo más preocupante es que se confirma científicamente que un
46,7% de las personas aquejadas de Ansiedad, presentan un elevado grado de
deterioro psicosocial, que provoca problemas de alcoholismo y todo tipo de
adicciones, depresión y enfermedades como úlceras, afecciones de la piel,
disfunciones sexuales y fatiga crónica,
propiciadas en parte por una disfunción
en el sistema inmunológico, que hace al individuo más vulnerable a todo tipo de
enfermedades. (Hernández y col. 1994).
La ansiedad ha sido
estudiada desde diferentes escuelas psicológicas, desde la formulación
Psicodinámica se equipara con angustia, ante la percepción conciente o
inconciente de una situación de peligro para el sujeto, desde la Psicología de
la personalidad se afirma que a partir de ciertos rasgos podemos predecir las
alteraciones emocionales de los individuos y finalmente la Perspectiva
Experimental aporta importantes modelos conductuales del estudio de la
ansiedad.
Ahora bien, con
independencia de las explicaciones o conceptualizaciones teóricas, existe consenso respecto a sus
manifestaciones, abandonando la idea de que la ansiedad es un fenómeno unitario,
para sostener que su respuesta está compuesta por tres sistemas; motor;
fisiológico y cognitivo.
En el sistema
psicofisiológico, se constata como una hiperactividad vegetativa que se traduce en un aumento de
la activación del sistema simpático, que
implica una serie de respuestas en el ámbito fisiológico. Tales manifestaciones
son según el DSM III R (APA, 1987) la dificultad para respirar o sensación de
ahogo, palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado, sudoración o manos frías y
húmedas, sequedad de la boca, mareos o sensación de inestabilidad, náuseas,
diarreas u otros trastornos abdominales. Sofocos o escalofríos, micción
frecuente, dificultades para tragar o nudo en la garganta.
En cuanto al sistema motor,
las manifestaciones pueden aparecer perturbaciones de la conducta motora verbal
(temblor en la voz, repeticiones,
quedarse en blanco) y en la no verbal (fundamentalmente tics y temblores). El
resultado final es que se amplíe el conjunto de situaciones potencialmente
evocadoras de ansiedad y se produzca una
progresiva pérdida de confianza en sí mismo y por tanto, de
autoestima.
Las manifestaciones
cognitivas, por regla general, se traducen en una preocupación excesiva
reflejada en pensamientos e imágenes negativas sobre la situación, el propio
sujeto, las respuestas ante esa situación y las consecuencias de la misma que la
persona percibe como incontrolables por su parte. Por supuesto esta negatividad
implica la evaluación negativa de los estímulos, imaginación de ejecución de
respuestas de evitación, la preocupación excesiva e irrealista sobre los propios
síntomas y los de sus allegados, el temor a críticas por parte de los demás y la
continua anticipación de consecuencias desagradables.
Evidentemente, ante esta
problemática de salud, lo más importante es la adecuada distinción diagnóstica o
la identificación precisa de los estados emocionales que subyacen, (tanto si el
conflicto ha cristalizado en la mente, como mediante su expresión o simbolismo
en el cuerpo) que nos sitúa ante la disyuntiva de la elección del recurso
terapéutico más eficaz en la corrección o el alivio de cada daño potencial. En
este caso, la Terapia Floral.
Tal elección se basa en su capacidad para subvenir a la profunda
necesidad del hombre de vibrar positivamente en armonía con su entorno,
porque los remedios florales son
armonizadores de energía, dado que las plantas y sus vibraciones tienen la
habilidad de facilitar el balance energético.
En esta terapéutica, la
prevención y curación de la enfermedad se logra descubriendo lo que la causa y
erradicando el defecto, con el desarrollo de la virtud opuesta. De manera que no
es la naturaleza de la enfermedad la que interesa, sino el paciente que la porta
y el criterio de curación no debe ser la eliminación de los síntomas, sino el
cambio de perspectivas del enfermo, la recuperación de su paz mental y su
felicidad interna.
Para
nadie es un secreto que los fármacos de la ansiedad pueden reducir los síntomas,
pero no actúan sobre la causa. Una adicción a largo plazo es el precio menor que
hay que pagar, porque el precio mayor
probablemente esté en la abstinencia, con síntomas tan grandes como los
originales.
Para experimentar estos
supuestos teóricos nos propusimos como objetivo general determinar
la efectividad de la Terapia Floral en las alteraciones anímicas que subyacen a
la respuesta de ansiedad
y
más específicamente, identificar las manifestaciones más comunes en su relación con las emociones
como posibles factores de génesis y/o mantenimiento de este
estado.
El
estudio de 50 pacientes de ambos sexos, entre las edades de 17 a 76 años, con
disposición voluntaria a colaborar, implicaba el compromiso de no participar de
otras modalidades de tratamiento, en el curso de esta experiencia.
El
tipo de diseño es “Del grupo contra
sí mismo”. Antes y después del
tratamiento, se registraron todas las vivencias de malestar que aquejaban a los
pacientes, aislando las manifestaciones de Ansiedad en su triple sistema de
respuesta.
Tal
como es práctica cotidiana en cada
reconsulta, al valorar las modificaciones que se producen, en este caso
atribuibles a la acción natural de las esencias florales, se emplearon indicadores objetivos y estables
para clasificar las manifestaciones clínico-psicológicas en: Remite, para el caso en que no se repite
la experiencia dolorosa (de cualquier naturaleza) Mejora, si se refiere alivio o disminución de
la intensidad y/o frecuencia de ocurrencia de tal síntoma; Mantiene, si la vivencia del trastorno
de bienestar es igual o puede ser comparada con la referida en la evaluación
inicial, y Empeora, cuando la
dolencia o manifestación de Ansiedad involucione, agravando la percepción de malestar del
paciente.
El
análisis estadístico-descriptivo mostró la medida en que el abordaje terapéutico
de las distorsiones emocionales, posibilitó
la remisión, el mejoramiento, mantenimiento, y/o empeoramiento de los
síntomas o trastornos del bienestar referidos en las sesiones iniciales de
evaluación.
Matices
de corte descriptivo reflejan una feminización
marcadísima (76%), lo que habla a
favor de una mayor demanda por parte de las mujeres, reafirmando hallazgos de
otras investigaciones que señalan que éstas duplican el número de hombres que la
padecen. (Hernández, J.M. y cols. 1994).
El
nivel escolar predominante es el Universitario, (50%).
El
86% de las personas que consultan es
soltero y de ellos el 64% corresponde al sexo femenino.
Contradictoriamente en estudios consultados, aparecen con más propensión a
sufrir estados de ansiedad los sujetos separados o divorciados. (Hernández, y
cols. 1994). De todas maneras la ausencia de pareja, fue vivenciada como
sentimiento de soledad en un 22%, referido siempre por los solteros ,que
confirmaron en cifras no despreciables, saberse necesitados de
compañía.
Coincidiendo
en hallazgos con reconocidos estudios, encontramos que el porcentaje mayor (58%)
corresponde al grupo de edad comprendido entre los 25 y 44 años. A mayor
distancia, con el 28% le sigue el grupo de 45 a 60 años, los menores de 24 con
el 10% y por último los mayores de 60 con el 4%.
Aceptando
que la edad ha sido desestimada como variable independiente, ni siquiera
aceptada como una magnitud psicológica, la información, corrobora por un lado lo
inadecuado del supuesto que los jóvenes sean siempre tan sanos y por otro, que la edad madura sea un obstáculo para ser
feliz.
A
partir de estas características de la muestra estudiada, podríamos aproximarnos
tentativamente a un perfil de paciente,
que es una mujer que sufre y se queja de ansiedad, tiene entre 25 y 44
años de edad, es soltera
y Universitaria.
A
simple vista, contar con estas premisas simplificaría la labor terapéutica, si
no estuviéramos tratando de personas, más bien de personalidades, de seres
infinitamente multidimensionales e indiscutiblemente individuales, únicos, y
sobre todo usando una terapia cuya esencia es su naturaleza
holística.
Distribuyendo
los síntomas o manifestaciones de tal estado en tres grandes grupos, sobre la
base de las clasificaciones concensuadas por expertos en el tema,
(psicofisiológicas, cognitivo-conductuales y motoras) corroboramos los
postulados de algunas investigaciones (Handley R. 1996) que refieren la
predisposición de algunos pacientes a somatizar o expresar primero en el cuerpo
el conflicto, otras veces en el fallo de
las funciones intelectuales y muy frecuentemente en dolor emocional que consume
la vitalidad. El primer caso podría ser explicado desde lo que nuestro maestro
barcelonés, el doctor Ricardo Orozco ha dado en llamar Patrón
Transpersonal.
Al
analizar la dinámica de los síntomas, atribuible al tratamiento con esencias
florales, observamos que entre los que se agrupan por su connotación psicofisiológica, son las diarreas y trastornos
abdominales los que mejor evolucionan, (remitieron en los 6 pacientes que
consultaron, para un 100%). Al aplicar un modelo de evaluación paradigmática, en
consecuencia con el enfoque floral, es la filosofía médica Ayurvédica quien
aproxima los trastornos abdominales a la búsqueda del poder personal, sobre todo
ante la dolorosa percepción de falta de competencia, cuando los hechos sobrepasan y los repertorios de conducta y
los estilos de logro resultan insuficientes.
Una
efectividad apreciable se obtuvo en el tratamiento del mareo con sensación de inestabilidad con el
86.66 % de remisión del síntoma, con un
13.33% de mejorados .Coincidentemente los pacientes aquejados de tales síntomas
experimentaron incertidumbre en un 66
%.
La
sensación de garganta seca o angosta presentó una demanda de 8 pacientes de los
50 que conformaron la muestra, finalizado el tratamiento dejaron de
experimentarla 6, también en este variable indicador un paciente reportó mejoría.
El
ritmo cardíaco acelerado fue consultado por el mayor número de pacientes y mostró una remisión de 72.72%. Mejoraron
o experimentaron alivio el 13,63% El
Diálogo entre el Este y el Oeste no ha hecho más que comenzar, (según comentan
algunos estudiosos de ambas culturas) y la tantas veces desmentida participación
de “corazón físico” en los “asuntos del corazón” es ya una verdad científica
irrefutable, sostenida por la Medicina Hindú desde tiempos remotos. De no ser
así, ¿cómo se explica que estas personas, casi siempre con largas historias de
exámenes clínicos y tratamientos infructuosos,
respondieran al abordaje floral de su emocionalidad con tales indicadores
de efectividad? En ellos, la distorsión emocional predominante fueron los celos, la desconfianza y la
posesividad.
La
dificultad para respirar o sensación de ahogo se modificó positivamente como
resultado de la intervención, 7 de 11 pacientes no volvió a experimentarla,
ninguno empeoró y 4 mejoraron.
La
evaluación de los trastornos motores nos permite exponer que el 100% de los que consultan por temblor en la voz y
tics remiten satisfactoriamente.
El
mayor número de personas aquejadas de manifestaciones motoras de la ansiedad lo
constituyen los que se quedan en blanco ante situaciones significativas que les
sobrepasan. En este caso el 71%
evolucionó favorablemente hacia la remisión del síntoma y el 29% hacia la
mejoría.
Entre
las manifestaciones motoras de la ansiedad, 2 pacientes exhibieron conductas de
evitación de los estímulos negativos. De ellos 1 reactivó sus mecanismos de
control de actuación y el otro mantuvo
su conducta de escape.
El
comportamiento evolutivo de los síntomas cognitivo-conductuales nos presenta la
situación más satisfactoria en las quejas de memoria con el 71.42% de remisión y 29% mejorados. Este trastorno resultó ser una de las
verbalizaciones más angustiosas que realizaron los pacientes, sobre todo porque
añadida al cuadro sintomático,
profundizó la falta de confianza en las propias posibilidades. Contar con
esencias potenciadoras de la atención y la concentración fue el recurso valioso,
responsable de tales resultados.
Un
comportamiento similar se aprecia en los pensamientos negativos sobre la
situación, con el 66.66% de remisión y un 33.33% del síntoma mejorado.
Indiscutiblemente, los cambios evaluados hasta aquí, dibujan la imagen de una personalidad que recupera la
efectividad de su impacto sobre el
entorno, y es que, “el estado de ánimo cambia también si cambia la fisiología o
la imagen que se tiene de uno mismo” (Marina, 1998).
No
es atrevido entonces decir, sin correr el riesgo de atribuir más efectos que los
dispensados por la intervención, que posiblemente la situación real (extrayendo
al individuo que es parte inseparable de ella) haya sido poco modificada por los
efectos de la maduración, sobre todo si se tiene en cuenta el breve período de tiempo transcurrido. Sin embargo
cambió su percepción negativa de la
situación y de sí, un número no
despreciable de sujetos (18). Tal parece que la desdibujaron del negro al gris,
para bien de su integración armónica, nueve
personas y la mantuvieron dos.
La
pérdida de confianza en sí mismo, de naturaleza semejante, por lo que
corresponde a la apreciación subjetiva muy vinculada a la autoestima,
mostró también la bondad de la terapia,
al no referirse nuevamente tal vivencia
en 12 de los 18 pacientes.
El
insomnio (con el mayor número de pacientes que consultan) y la preocupación
sobre sus síntomas, alcanzan rangos similares en la evolución (52 y 50%
respectivamente). En cuanto al criterio Mejora, en el primer caso se obtuvo un 48% y el 50% en el segundo,
ambos criterios, la Remisión y la Mejora, hablan a favor del aumento del
bienestar y la Calidad de Vida. Con el grado de deterioro psicosocial que se
registra en los indicadores iniciales de
salud (antes) no extraña la alta incidencia de este trastorno, como tampoco el hecho que los cambios registrados hasta aquí,
reporten tales datos a favor de la calidad del sueño, proceso que los informes más recientes (Espinar, 1999)
relacionan con importantes funciones
vitales como la producción de hormonas, la síntesis proteica y el desarrollo de
una vida normal.
La
evaluación negativa de estímulos es el síntoma de más baja remisión, con un
valor de 25%, no obstante se alcanza un 75% de mejoría. Es probable que en ello
influya el hecho de que este informe proviene de la evaluación subjetiva del
paciente, que se muestra conservador a la hora de evaluar los cambios que se
producen en la percepción del estímulo “responsable” de su ansiedad, que le
superó y provocó en su momento la indefensión y el
desasosiego.
Un
aspecto de interés es que en la evolución de los síntomas, al valorar los
resultados terapéuticos por tipos de
manifestaciones, no se aprecian diferencias significativas
desde el punto de vista estadístico, confirmando la capacidad de la Terapia
Floral de promover estructuras profundas (Greco, 1999).
Como
quiera que en definitiva, los juicios sobre la efectividad de un tratamiento,
dependen en gran medida de qué variables hayamos tratado de observar y con qué
procedimiento y dado que nos hemos
basado en los cambios producidos
en la sintomatología para el análisis
(de naturaleza más bien impersonal)
procedimos a agrupar a los pacientes por el número de manifestaciones
referidas, antes y después del tratamiento. En nuestra muestra, 20 pacientes
experimentaron entre 4 y 5 molestias, finalmente en este grupo quedaron sólo
3 y ninguno clasificó después en el
criterio Mayor de 5, donde inicialmente
se ubicaron 13.
Los estados emocionales alterados,
tratados con las esencias florales capaces de desarrollar la virtud opuesta,
fueron, para su estudio, clasificados
según los tipos emocionales de Bach. Tratándose de Ansiedad, no se hará extraño
que en orden decreciente apareciera la
Hipersensibilidad, (94%) seguida del Temor en sus diferentes formas de expresión
(68%) luego el Desaliento y la Desesperación (38%) seguido de la Incertidumbre
(34%) y la Excesiva preocupación por los demás (32%) y finalmente con iguales
datos de incidencia (22%) La falta de interés en las presentes circunstancias y
el Sentimiento de Soledad.
La
correlación de las Distorsiones
Emocionales con las diferentes
Manifestaciones de ansiedad, aportó también
importante información acerca del mapa emocional que configuró las vidas
de estos 50 pacientes y de su connotación para la Salud, con independencia de
que no pretendimos indagar acerca de las complejas conexiones intrínsecas de
determinadas emociones y afecciones
específicas, teniendo en cuenta
que el paciente, primero en la consulta (en sesión evaluativa) y luego en los
autoinformes de progreso, hacía referencia a una gama de matices emocionales y
afecciones, que el devenir de la
terapia, orientada en una u otra dirección, modificaba indiscriminadamente, lo que confirma el
supuesto que da vida a esta investigación y concibe la Ansiedad como una vivencia humana
dolorosa, sensible a la estimulación con esencias florales, que responde al
abordaje terapéutico de las emociones que le subyacen, con modificaciones
significativas en sus manifestaciones clínico-psicológicas en beneficio de la
calidad de vida del paciente.